me siendo metamorfoseando de la cabeza a los pies. Siento mis dedos ágiles.
Y algo me asciende despacito y ahora siento que me va a salir por las orejas
se me va a salir todo el mal que he escuchado y ya no quiero oir
ese que tenía en las tripas y no me cabe
solía estirarme, estirarme, estirarme como un chicle para no sentirlo
y ahora que no me estiro
el mal me sale por las orejas pidiendo auxilio
siento una niña asustada y está tan asustada que si no la escucho me lo ocupa todo
quiro tranquilizarla,
hablarla del sol, del verde de las montañas
Tranquilizarla?
Hablarla de tal modo que no tenga yo que salir corriendo a cada rato para liberarla
siento una pastilla deshaciéndoseme en la boca
me siento revitalizada, excesivamente curiosa
Y ahora necesito sentir mis pies, y piernas de mujer, mi sexo, mi vientre, mis dos teatas, mis dos hombros y mis dos largos brazos con sus dos manos de largos dedos
Mi cara y mi pelo. Y no enfadarme conmigo. No ponermelo difícil.
Explorar el misterio de lo dulce, de lo tierno. El misterio de lo lento y no forzarme a nada
sentir el impulso y no seguirlo
frenarlo para que cueza, alquímico. Sin más
Despojarme de todos los que me habitan dentro, es un ejercicio de limpieza. De los ruidos y las voces que no me son propias.
Despejarme, deshojarme, despojarme. Como quien hace mudanza y des-habitar lo antiguo.
Y tira lo viejop que aun no se compra lo nuevo
Quedarme a descansar al lado del hombre que elija, sin prisas. Del todo agradecida
Y me viene mi vida como un escaparate, y de tanto estar al sol se ha deslucido
No tengo porque hacerla de nuevo, ni castigarme
Solo comprar unas cortinas de esas suaves y profundas de terciopelo. Y cubrirme con ellas,
hacer mudanzas, habitando mis pies y mis rodillas

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